
Don Oliverio, como es conocido este honesto trabajador, es pensionado y vive al sur de la ciudad, pero sin embargo, todos los días (laborales) madruga para llegar a trabajar; como él lo llama, pero no tiene un puesto de ventas ambulantes, sino que presta varios servicios, según las necesidades de los vecinos del barrio.
Consignar plata, pagar cuotas, pagar recibos de servicios públicos, solicitar certificados, sacar citas médicas, realizar vueltas personales entre otros, son algunos de los servicios que presta “Don Oli”, como le llaman sus clientes más asiduos.
Don Oliverio es un hombre activo, un hombre que a sus 69 años trabaja en lo que le toca, por que después de haber trabajado para una empresa de detergentes y luego como celador, fue; como muchos otros pensionados, despreciado por las empresas y sociedad por considerarlo poco o nada productivo.
Pero la situación de este honesto trabajador no es nueva, como él hay muchas personas necesitadas que acuden al subempleo o las ventas ambulantes, para lograr nivelar sus ingresos y el sostenimiento de su familia.
Y aunque el gobierno colombiano haya proyectado que en el 2010, la tasa de desempleo no superará el 8%, lo cierto es que las organizaciones sindicales afirman que la baja tasa de desempleo contrasta con el aumento de la tasa de subempleo, lo cual no es un panorama muy alentador para nuestros niños y jóvenes.
La verdad es que la productividad de un ser humano es algo muy subjetivo, muchas empresas desprecian la experiencia de los ancianos, otras desprecian el conocimiento y dan mayor importancia a la fuerza y viceversa, pero no se dan cuenta que la mayoría de las personas son capaces de trabajar, trabajar y trabajar, incluso hasta el último día de existencia.
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